miércoles, 13 de enero de 2010

Pep se lleva a cenar a Piqué


El técnico detectó una bajada de tensión anímica y quiso motivarle
Quiere que reaccione ya porque necesita al central que maravilló a Europa en 2009
Redacción - 13/01/2010 03:00

Si la maquinaria del Barça ha funcionado hasta ahora con una perfección sublime es porque Pep Guardiola se ha preocupado de tenerlo todo bajo control, y no sólo cuanto sucede en los partidos. Ejerciendo también de psicólogo, tirando de la experiencia que da haber sido jugador de élite, el técnico es capaz de detectar la más mínima imperfección anímica de sus jugadores. En Piqué ha notado una misteriosa bajada de tensión y lleva días tratando de buscar el motivo.

Las luces de alarma saltaron durante el partido ante el Villarreal, el primero del año. El técnico descubrió entonces que el Piqué de 2010 no respondía al perfil del año anterior. Le veía algo abatido, desanimado, nada que ver con aquel central apodado 'Piquenbauer' que brindó actuaciones memorables, apoderándose de la titularidad del Barça y de la selección española. No, no se parecían en nada. Como ausente, y muy cansado, al catalán le costó horrores aguantar la embestida amarilla y Pep Guardiola se dio cuenta.

Algo no iba bien y pensó que lo mejor era actuar. Parar y dejar que bajara del tren para respirar. La Copa se lo permitía. Pasados los días, el defensa seguía sin dar síntomas de recuperación y el técnico alargó su forzado descanso sacándole de la convocatoria ante el Tenerife, aunque de forma sorprendente le hizo viajar. Había que intervenir, dar con el diagnóstico, sacar el bisturí y 'operar'. El pasado lunes, Pep Guardiola se llevó a Piqué a cenar. Nada como un intercambio de impresiones para exigirle una reacción.

La táctica no es nueva. El pasado año, Henry también deambulaba desorientado por el Camp Nou y un encuentro con el técnico en un restaurante le puso de nuevo en el raíl. Que se lo digan al Valencia, que le cayeron tres goles a modo de rehabilitación. Pep espera también en esta ocasión que surta efecto. Le urge el Piqué titularísimo, aquel enchufado permanentemente, y el canterano necesita reencontrarse con su mejor nivel. No es momento de poner pie en tierra. Hay en juego muchos títulos y un Mundial.

Desde que regresó, Piqué ha vivido a una velocidad endiablada. De ser una apuesta de Txiki a indiscutible en el ya Barça eterno de las Seis Copas. Mucho, quizá demasiado, para un jugador que el próximo 2 de febrero cumplirá 23 años. No es fácil asimilar el éxito y la popularidad en grandes dosis y, en ocasiones, la digestión es pesada. Pep, como siempre, pone el bicarbonato.

jajajaja ese buen rollito me encanta,venga piquet anímate que eres la leche de bueno.

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